Estoy de malhumor. Disculpen/Ricardo Antonio López

Es que no se puede estar demasiado buena honda cuando desayunás, almorzás, merendás y cenás perseguido por los mil pequeños operadores anti kirchneristas que colonizan los medios. Son una banda, una gavilla, especie de ladillas que se introducen en las partes íntimas del prejuicio y la desconfianza a mansalva que tantos argentinos practican, para desde allí contribuir a un estado de incomodidad que (aspiran vanamente) liquide la vigencia del kirchnerismo.

No hay uno solo de ellos provisto de talento. El que más se acerca es Lanata, a quien debemos reconocerle cierto lucimiento en el ejercicio de putear en porteño. El resto, opaco.

Opacos cuando mienten, opacos cuando algún justiciero les sale al cruce, opacos en su enojo impostado, opacos -diría uno- de tiempo completo, casi como una decisión vital, un modo de ser y estar en el mundo. Esta opacidad que llevan a todos lados es lo que más me irrita en ellos. Si fuesen personas brillantes, de esas que acertadas o erradas llaman la atención y te hacen parar las orejas, no me disgustarían, porque admiro el talento, sin perder el tiempo en calificarlo de útil o pernicioso. El destello de una mente aguda se aprecia siempre. Es un fenómeno admirable. La mediocridad, en cambio, aburre, seca los ánimos, te hace sentir (principalmente cuando te la encontrás acumulada y combativa) que oficia de mancha, de nube, de caca de mosca.

Me da bronca que no contemos con adversarios de buena talla, hábiles, evolucionados, que constituyan un reto. Están rebajando el nivel de las discusiones nacionales, que en estos tiempos se libran mucho en los foros que ocupan los operadores periodísticos anti K multiuso pocoseso. 

Si escucharan lo que muchos oyentes y televidentes opinan de sus pobres saltitos de bailarina reumática, dejarían de ejecutarlos. Dejarían la farsa avergonzados, una vez comprendido que sus dichos torcidos, amañados y malintencionados no son tenidos por gran cosa, como creen, sino en realidad por lo que son: sanata de baja estofa. Incluso para sus parciales, que no les creen, tomándoles como un desahogo, un modo de descargar frustración mediante ese sanateo malaleche.

Pero en este reino gris de sanateros anti K, de tocadores de oído, de especialistas en lo que sea que traiga decepción y tristeza al público, hay sin embargo un elemento maravilloso: su número. Son un enjambre. Es su número lo que impresiona. Nunca se habrá visto tantos seres empujando en la misma dirección y con tan poco suceso. 

Digamos que son una inmensa colonia de hormigas mal hechas, poco útiles, de escasa productividad. Un hormiguero de hormigas falladas.

Y digamos además que no constituyen un riesgo grave, pero dan como para (de vez en cuando) ponerte de malhumor.


Comentarios

  1. Y hablando de hormigas falladas, le faltó la decana, la ocaña y su recontraNOchequeada opereta contra Recalde

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