Kirchnerismo: ni buque ni cañonera


El kirchnerismo tiene un núcleo de intransigencia que resulta ser la novedad en un país con tradición de “pasos al costado” o “renunciamientos”, por llamar amablemente a las actitudes que siempre llevaron a la ruina de la nación.

Del kirchnerismo no se esperan claudicaciones, cobardías, repentinos actos de timidez. Nada de eso. El kirchnerismo va adelante con lo que tiene y es su virtud y lo que más odian sus adversarios.

Muchos que suponen que la política es el arte de la “negociación” acusan al movimiento de ser absolutista, dictatorial, suponiendo que el que está al gobierno tendría la obligación de ir cediendo partecitas del poder a la oposición, para evitar conflictos.

En una visión así de la política, el político es más un mercachifle que un hombre de estado; va intercambiando con los distintos rivales (reales, potenciales e imaginarios) variables montos de privilegios, nuevos dudosos derechos, cesantías de obligaciones y cualquier otro bien que los de enfrente hallen apetecible, por gobernabilidad.

A esta clase de político débil no le parece que la acumulación y ejercicio de poder sea parte eficiente del oficio; más bien se dedica a perderlo (por ese mercadeo desventajoso del párrafo anterior); no está hecho para grandes cosas, es cobarde y falto de perspectiva histórica, uno que hace del perpetuo evitar riesgos una herramienta operativa cotidiana.

La ley operativa del kirchnerismo es otra; llegó para gobernar enérgicamente, no para transigir, resignar, claudicar y finalmente dejarse copar. Mientras siga en esta postura, estará sano por apoyo popular.

Nadie quiere más un Rosas que abandona la batalla favorable y se toma el buque, ni un Urquiza que en igual situación se retira a Entre Ríos, ni un Perón escapando en una cañonera (sabrán disculparme los peronistas, pero es tiempo de asumir que la falta de resistencia en el 55 -que no se hubiera dado de vivir Evita- fue un error demasiado grave y que si se basó en el deseo de evitar una matanza, ocurrió igualmente en los 70, pero ya sin un pueblo listo a defenderse).

La verdad es que el Movimiento Nacional y Popular  siempre la remó de atrás, con el poder en manos de otros por lo general. De ahí que sus cabecillas necesitan ser duros, intransigentes y rebeldes ante la adversidad.

Y no estoy asegurando que no nos puedan derrotar en alguna esquina de la historia; sí digo que se les dará pelea ruda y encarnizada. Es la seguridad (una de ellas) que ofrece el kirchnerismo. Ya no habrá “retiradas estratégicas”, ni “desensillar hasta que aclare”, ni buques ni cañoneras. Demasiado costosos fueron para los argentinos los famosos “pasos al costado”.

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