Fracaso del mecanismo opositor en La Argentina



Los recursos de la oposición poco han variado desde el 25 de mayo del 2.003 en que Néstor Kirchner llegó a la Rosada. Esa plasticidad limitada es una de sus debilidades.

Básicamente siguen unos guiones que tienen mucho de marketing publicitario, con un punto de inicio que suele estar en una proposición, queja, estado de ánimo, opinión o “noticia” generada por algún “periodista independiente”, retransmitida luego, mejorada y enriquecida por medio de millares de activistas mediáticos anti gubernamentales que trabajan en las radios, televisoras y medios gráficos contra K. Paralelamente y casi de un modo accesorio, los políticos de la nómina del devalúo nacional desarrollan una fatigante procesión mediática, intentando sublevar a la población a partir de la supuesta infamia revelada. Se piensa un producto, se lo produce y publicita para venderlo. Es eso, igual que si la opinión de las mayorías pudiera ser manufacturada y puesta en circulación como una pasta dentífrica, una gaseosa o unas ojotas.

El fracaso del marketing  opositor habla bien de la madurez del pueblo (de las mayorías) y da espacio para pensar que ciertos cambios cualitativos trascendentes se produjeron durante la última década en ese aparato cultural-ideológico común (póngale Ud. el nombre que desee) que nos define como sociedad.

El apogeo de las prácticas confrontativas conservadoras se da en los últimos meses cercanos anteriores a la fecha eleccionaria y luego de fracasar, esas prácticas son resguardadas de cualquier crítica que pudiera provenir de la misma parcialidad derechista, en una extraña maniobra de auto indulgencia, un modo de no hacerse cargo y eludir responsabilidades intransferibles; dijéramos que existe una negación de las culpas que -supongo yo sin mucho asidero- debe constituir una defensa del espíritu fanático destinada a no verse en la necesidad de replanteos, que comenzando por lo instrumental pudiesen llevar a discutir las mismas bases ideológicas que produjeron aquellas prácticas ineficientes.

Puede afirmarse, sin gran margen de error, que este método opositor básico parte de una escasa valoración del espíritu de la democracia, que es (formidablemente) una razonable confianza en las posibilidades evolutivas del ser humano como ser social; la subestimación comienza cuando se busca instalar en la población estados de ánimo negativos a partir de la fabricación de “noticias”. Los arquitectos de estas construcciones proselitistas -que son tomadas por tales cuando son meramente una estrategia publicitaria poco imaginativa- no deben apreciar en mucho las capacidades colectivas de discernimiento (ese ponerse de acuerdo la gente en asuntos generales de un modo tácito); debe persistir en ellos la superada noción de masa, de entidad supra individual basta y manipulable, como si se la pensara una clase de ameba gigante que marchara o se detuviera a voluntad de un digitador, en este caso, el pretendido manipulador mediático.

Para concluir este corto ensayo destinado a difundirse un par de días por las redes sociales y luego arribar a merecido olvido, debe agregarse una conclusión final:
Si por 10 años una mayoría de argentinos expresamos nuestra opinión en las urnas a contrapelo de las “directivas” de los medios de prensa, contradiciendo a los arquitectos publicitarios que nos tenían por poca cosa, suponiendo que irían a dictar nuestra conducta sufragista, es porque estamos ante la consolidación de una VICTORIA CULTURAL, una imposición del ESPÍRITU RACIONAL Y CRÍTICO y la aparición de una SOBERANÍA IDEOLÓGICA,  que es madre de las restantes.

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