Pelotas amarillas descosiéndose (o monstruitos genéticamente inviables)
Este año
trae una satisfacción demorada.
Es el año en que la pelota amarilla del ingeniero (¿¿¿???)
Macri comienza a descoserse.
La dura corteza que cuida el corazón garca de tanto porteño
no resistió el goteo del ácido generado por la torpeza, cretinismo y malévolo
accionar del jefe de Gobierno CABA. Tal cual. Ni el bobo conservador de amplios
sectores del porteñaje pudo aguantar a pie firme el “despliegue de maldad insolente” del “niño bien, pretensioso y engrupido”.
Esperamos años por el derrumbe de esta persistente ficción
según la cual es viable y lícito gobernar a partir de la ignorancia mezquina.
Aguantamos bastante estoicos el avance de esa plaga política noventosa,
creyendo siempre en lo que explica el Martín Fierro: “No hay tiempo que no se acabe ni
tiento que no se corte”.
El inyenieri tuvo
un primer alerta de detención en el 2.011, cuando debió arrugar en las
presidenciales, pues el contagio de la plaga amarilla/ista/enta no había
prendido a nivel nacional. 2 años después, la enfermedad parece haber sido
controlada.
Importante, ¿verdad? Importante saber que monstruitos como el
PRO, si bien pueden sintetizarse en laboratorio, nacen con defectos genéticos
que los tornan inviables en el largo plazo.

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