Estamos a la altura de las circunstancias
¿Y qué haremos con todo esto? Simple:
seguir remándola. ¿O alguien nos prometió un trámite sencillo? Del atraso
colonial, de la sumisión cultural, de las banderas rendidas, de la negación de
la realidad y la auto subestimación, no se sale en 2 pasos, ni en 10 años.
Ponele que, en el mejor de los casos, estamos a medio camino, pero más realista
es pensar que aún restan un par de décadas de transformaciones para tener el
país poderoso que nos hace falta.
Necesitamos ubicarnos históricamente
para evaluar en qué lugar nos encontramos y ver que estos tiempos son
trascendentes. Nunca la patria, desde aquellos años en que se decidió la
independencia –a pesar de la resistencia de los hombres moderados y racionales-, había estado en una pelea tan decisiva: ya
sea que consideremos al kirchnerismo como la continuación del peronismo de la
primera década, o algo un poco diferente, no puede dejar de verse vamos por
completar un tercer período de mandato constitucional y que jugando bien las
fichas accederemos a un cuarto, cosa que nunca antes ocurrió a las distintas
versiones del movimiento nacional y popular hecho del poder; los sueños de la
patria pronto terminaban hechos bosta, o por las botas, o por la traición.
Hoy, ahora, cuando estamos buscando
ansiosamente los votos (1K+) que perpetúan sueños justos y necesarios, no
olvidemos transmitir, evidenciar, resaltar, la excepcionalidad absoluta de los
tiempos que vivimos.
Porque no basta (aunque sirva –y sirve-)
con obtener del prójimo (vecino, conocido, familiar) el voto para las
legislativas de octubre y “luego se verá”. Un voto así se
pierde luego inadvertidamente y trae feas sorpresas. La victoria permanente
vendrá del incremento sustancial en el número de convencidos de la causa. Somos militantes con urgente
necesidad de formar nuevo militantes.
Tenemos eso en nuestras manos. ¿Difícil
tarea? ¡Por supuesto que sí! ¿O acaso queremos hacer historia rascándonos las
guindas? Eso no existe.
Y vos sabés que, difícil y todo,
llevamos las de ganar, por una razón más que evidente:
Estamos
a la altura de las circunstancias.
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