Que siga bien, señora, por Jorge Rivas *
Leemos en Página 12:
Que siga bien, señora, por Jorge Rivas *
Hace unos días, cuando iba a ingresar al edificio anexo de la
Cámara de Diputados, una señora madura, muy elegante y simpática, detuvo la
marcha de mi silla de ruedas con el objeto de saludarme. Se inclinó, me tomó de
la nuca y me susurró al oído: “Te quiero mucho. Pero no podés ser socialista y
apoyar a este gobierno. Mucha fuerza”. Mi imposibilidad de hablar, sumada a la
de gesticular, hizo que me limitara a mirarla, para luego seguir mi camino.
Quisiera, mediante este texto, contestarle. En primer lugar,
le agradezco el saludo y el afecto. Luego, le aseguro que no le guardo ningún
rencor por el reproche, porque no tengo dudas de que usted, señora, igual que
miles de integrantes de nuestra sociedad, es víctima de una profunda
desinformación o falta de información política.
Usted tiene razón, señora, soy socialista. Quédese tranquila,
que no pienso aburrirla detallándole las razones. Sí me gustaría contarle que
el siglo XX ya se encargó de demostrarnos en la Argentina que el slogan que
sintetizaba aquella idea, “cuanto peor, mejor”, no era más que un trágico
malentendido. Estoy convencido ahora de que cada avance, grande o pequeño, debe
contar con nuestro respaldo militante, porque nos acerca a la sociedad que
queremos construir.
Entiendo que las disquisiciones, las dudas y aun los
cuestionamientos en torno de las políticas de asistencia social expresan
diferencias de opinión, naturalmente atendibles. Otra cosa son los prejuicios,
nunca inocentes, que los privilegiados en la vida y reaccionarios en la
política suelen difundir en nuestro país.
Lugares comunes que repugnan al corazón y a la cabeza, como
“los pobres son pobres porque son vagos”, “acá no trabaja el que no quiere”,
“lo que pasa es que se les da demasiado y no lo merecen”, “mandan a los hijos a
pedir para gastarse lo que traigan en vino”, o el histórico “les das una casa y
levantan el parquet del piso para hacer un asado”, y ni hablar de las nuevas
fábulas como “se afanan la guita en bolsos”, o “construyen bóvedas para guardar
el efectivo”, se ubican en el subsuelo de la dignidad y de la inteligencia.
En cuanto a que como socialista no puedo apoyar a este
gobierno, respeto su posición, pero déjeme decirle que estoy convencido de que
un verdadero socialista debe respaldar este proyecto nacional y popular que
lidera Cristina Fernández de Kirchner. Está claro que ese respaldo significa
también que cada desvío, cada retroceso, tiene que ser objeto de nuestra
crítica franca: la adhesión ciega y la obsecuencia son tan enemigos de
cualquier proceso de cambio como la reacción más empecinada.
Además, usted debe saber que la política tiene una dialéctica
en la que el contrario nos constituye. Es decir, que el ser político también se
define por su contrario, por lo que ese contrario forma parte de nuestra
identidad política.
Por eso me pregunto qué pensaría usted, señora, si me viera a
mí, socialista, codo a codo con los patrones de la Sociedad Rural, o dándome
golpecitos en la espalda con los dueños de las corporaciones económicas y
mediáticas, o formando parte de un rejunte de opositores que sólo tienen en
común su desprecio por lo popular, o si me escuchara decir que si viviera en
Venezuela, entre Chávez y Capriles, votaría a Capriles. A mí me daría
vergüenza. Por el contrario, siento un profundo orgullo militando en este proyecto
que cotidianamente nos permite acercarnos a una sociedad menos injusta.
Le mando un beso, señora, y espero que siga bien.
* Diputado nacional, Confederación Socialista, Frente para la
Victoria.
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