De una muerte impune, por Mario Cabrera
El 13 de diciembre de 1828 a manos de Juan Lavalle, es asesinado a la edad de
41 años Manuel Dorrego. En momentos
de su asesinato era gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Durante la guerra de la independencia sirvió en
las fuerzas patriotas ganando sus ascensos en el campo de batalla (durante 17
años llevó el grado de Coronel no aceptando ningún ascenso que no se
justificara en acciones de guerra).
Cuando Bernardino
Rivadavia suspende el derecho a voto de, entre otros, de los “criados
a sueldo, peones y jornaleros y soldados de línea” Manuel Dorrego expresaba: “He aquí la aristocracia, la mas terrible,
porque es la aristocracia del dinero. Échese la vista sobre nuestro país pobre,
véase que proporción hay entre domésticos, asalariados y jornaleros y las demás
clases y se verá quienes van a tomar parte en las elecciones…Sería fácil
influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la
masa, pero sí en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos
claro, ¡el que formaría la elección seria el banco!”
Este discurso sería seguramente una de las fuertes
razones de los enemigos de la Patria para asesinarlo. Su crimen aún sigue
impune y tal impunidad se repetirá día tras día mientras sobre el sitio donde
se encontraba su casa, siga emplazada la estatua de su asesino, Juan Lavalle.
El
que no sabe de donde viene no sabe para donde va.
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