Nuestro estado de ánimo ante los 30 años y la rebelión policial/Ricardo Antonio López



¿Qué no llegamos con la mejor cara al festejo de los 30 años de democracia post procesista? Cierto. Pero si alguien quiso arruinar  el espíritu de la patria en vísperas de una fecha tan significativa, ha hecho un esfuerzo notable, mas fracasado. No será con motines pre digeridos que desviarán la voluntad nuestra de seguir apoyando las banderas de la democracia y del kirchnerismo. Esto es redundante, pero igual queda escrito, por si algún iluso golpista cree haber capitalizado algo más que odio luego de la rebelión policial.

Hoy estaremos donde debemos, reunidos -los que puedan- en la Plaza de Mayo y el resto donde mejor nos agarre. La cuestión es que no nos sustraerán al espíritu de esta fecha ni nos harán lamentar por los “desórdenes que trae la democracia”, como escuché decir a un periodista, cuando se trata en verdad de los delitos de sedición protagonizados por grupos de escasa conciencia democrática.

Las muertes que se han producido nos hacen tomar distancia crítica suficiente y ver que el capital adquirido en 30 años no estará del todo a salvo mientras existan grupos armados de empleados estatales capaces de poner en peligro a la población con tal de lograr sus objetivos. Antes eran los militares, hoy son los policías.

Habrá que remarla, como quien dice. Y cada tanto y puntualmente, esquivar los cascotazos con los que quieren tumbarnos.

Digamos que desde el poder mismo, deberemos seguir siendo resistencia, aunque parezca contradictorio, ya que la resistencia es ejercicio de quienes suelen estar despojados formalmente de la autoridad estatal. ¿Se entiende? Tenemos el poder y sin embargo en numerosas ocasiones nos vemos obligados a adoptar conductas propias de grupos que se oponen a un poder opresor. Es así porque el modelo kirchnerista, igual que el peronismo de la primera década, accede al poder político con una autonomía limitada, producto de la superposición de su poder político con otros segmentos de poder opuestos, que se distribuyen en distintos ámbitos (económico, judicial, propagandístico,…).

De cualquier modo que se mire, no debe soslayarse esta debilidad básica del sector nacional y popular. Gobernamos un país que tradicionalmente estuvo en otras manos, que fue moldeado de acuerdo a intereses elitistas, por lo que llevará décadas de esfuerzos positivos reconvertir las matrices que subyacen bajo lo aparente y producen el tipo de nacionalidad que nos caracteriza.

Así llegamos a este 10 de diciembre histórico, conscientes de lo mucho que se avanzó y alertas por todo lo que se opone a los mejores logros por venir. Nuestro estado de ánimo, alentado por la profunda comprensión del tiempo histórico en desarrollo, no alcanza a nublarse con estos graves disturbios causados por la policía (¡¡¡¿¿¿???!!!). No es tristeza ni resignación o desesperanza lo que nos provoca la sedición uniformada, sino bronca y rebeldía que terminarán por hacernos más empecinados en nuestros propósitos.

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