Contraargentinos/Ricardo Antonio López

Gente de acá a la que no le agrada nuestro país.

A montones, desde siempre, por oleadas, silbando cualquier iniciativa criolla que tenga el más pequeño viso de originalidad o sentido autónomo.

Gente increíble que hace fuerza para que nos vaya mal (ellos incluidos, porque estoy hablando de un mediopelo de lo más cualunque).

"Este país" es la muletilla con que inician la mayoría de sus discursos de protesta. Y cuando están indignados, el "este país" se transforma en "este país de mierda". En su visión loca, el país es de mierda, pero ellos no. A ellos no les alcanzan las moscas del escusado nacional. Nunca. Por eso se refieren a las cosas nuestras en modo espectador. Dejan bien claro que no tienen absolutamente nada que ver con la mierda argentina.

Gente de pro, gente bien, casi aristócratas (apenas le estarían faltando el apellido ilustre, las propiedades y la cultura), se sientan sin embargo en una mesita aparte que los amos dispusieron para no tener que soportarlos demasiado cerca, pero lo mismo se creen el gollete del huevo, el pendorcho que hace funcionar la máquina del progreso humano, la mano invisible de la que habla el socialista raro.

¿Qué cosa es lo que no se creen? Porque se creen muchas cosas. Por ejemplo: evolucionados, sofisticados, cultos, superiores, importantes, esclarecidos, mejores. Y del otro lado del río imaginario que alucinan por ya unos 2 siglos de existencia lamentable y vergonzante, nosotros.

Nosotros, la mierda del país. En otras épocas habremos sido chusma federal, gauchaje harapiento, cabecitas negras,...Hoy, en el peor estadio de involución, les mortificamos siendo kirchneristas. Siempre seremos para estos compatriotas la mierda malnacida que ensucia la nación. No importa que gente como nosotros haya sido la que formó los ejércitos patriotas, o agachado el lomo en cuanta estancia y chacra necesitara sirvientes, o levantado las fábricas y los talleres que dieron dignidad al pueblo trabajador. Ningún mérito se nos puede reconocer, pues sería como reconocer nuestro carácter imprescindible, forjador de nacionalidad.

Los contraargentinos disfrutan con los fracasos de la patria. Y como quienes desean que el techo que les cobija se derrumbe sobre ellos, sin duda están locos, les tacharemos de locos. No hay otra.

Podríamos hacerla más compleja, pero no. Están locos. Les han vuelto locos a fuerza de propaganda, de desinformación, de siembra de prejuicios bobos, de insuflarles aires de una superioridad inexistente, de zonceras tipo "los argentinos somos todos unos vagos", "las minas son todas unas putas", "los políticos son todos unos chorros" y cualquier otra generalización cretina de este estilo. Tuvieron tanto éxito los manipuladores de conducta mediopélica, que ya existe toda una clase socio cultural absolutamente resistente a ideas autónomas (que no resulten generadas desde el "primer mundo") y continuamente alineada con el menosprecio de los valores criollos, argentinos, nacionales, populares.

La república tiene una historia; los contraargentinos tienen una distinta, de fantasía, donde los que defendieron las causas de la gente de abajo son "demagogos y populistas", "autoritarios y prepotentes", etc, etc.

Alucinan con que hubo una época en que La Argentina era una potencia mundial, un país de orden y progreso, allá por el Centenario. Una chacra progresista (¡¡¡¿¿¿???!!!) donde se veía reflejado el espíritu occidental y cristiano. Y es al cuete querer explicarles que eso, esa cosa, esa chacra, era nada más que eso, una chacra, donde todos laburaban para que un centenar de familias se sintieran en la cima del mundo. Una chacra horrible que nos dejó al margen del progreso, aislados del mundo.

Tienen su historia pavota, tienen sus prejuicios donde pobreza es mugre, tienen sus insultos (lo mejor de su capital), tienen sus banderas extranjeras. Tienen todo menos orgullo nacional. No les gusta el país. Pero el problema real con ellos es que no se van adonde puedan vivir como creen que corresponde.

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