Un amigo miedoso
Tengo un amigo miedoso que
temió cuando Moyano se alejó del Gobierno Nacional, que teme por el posible
corte de Scioli, que teme por una futura alianza general electoral de todos los
sectores opositores, bajo candidatos únicos. Mi amigo teme por muchos motivos,
pasados, presentes y futuros. Vive sobresaltado, angustiado, ahogado por
cálculos pesimistas.
Él no se tiene por miedoso y
se ve a sí mismo como una persona previsora, astuta y alerta. No suelo discutir
con mi amigo. Cuando me abruman sus escenarios probables de desastre futuros,
me despido, me alejo. No es bueno discutir con amigos. Me parece a mí.
Pero hay algo que mi amigo no
tiene en cuenta, digo yo, porque a lo largo de todos estos años en que se fue
dando la hegemonía política del kirchnerismo, si algo falló sistemáticamente,
ha sido el pronóstico de catástrofe inminente, que es justamente lo que desvela
a mi amigo. No ve, o lo ve muy mezclado, muy desfigurado, deshilachado, que el
cuero de este movimiento es duro, difícil de lastimar. La debilidad no es inherente
al kirchnerismo. Ni la clemencia, ni la moderación, ni el fracaso. Tal vez para
algunos esta característica de rusticidad tenga visos de intolerancia, soberbia
y triunfalismo. No lo creo. El kirchnerismo ha debido manejarse desde un inicio
- y eso continúa - en aguas infestadas de tiburones. ¿Cómo se le pueden pedir
gestos delicados, pases de torero, firuletes diplomáticos? Sobrevive (el
kirchnerismo) porque ha sabido ser más rudo y empecinado que sus muchos
adversarios. Hablan de ánimo confrontativo, exacerbación de los escenarios de
discusión, espíritu revanchista, actitud totalitaria…Lo que están diciendo es: “Che,
aflojen un poco que así nosotros perdemos”. Y pierden. Pierden por causa
de ese espíritu rebelde, no hecho a la resignación, que es justamente lo que
muchos valoramos como principal activo del kirchnerismo. Bueno sería que un
movimiento nacional y popular latinoamericano, a esta altura de la historia y
en vista de lo mucho que ha costado al pueblo la resignación de los líderes en
otras épocas, hiciera su estrategia de claudicaciones y concesiones a los
poderes fácticos.
Lo dijimos en este blog más
de una vez: “Aquí no hay lugar para caudillos que abandonan el campo de batalla
cuando la victoria es prácticamente un hecho, ni para cañoneras que lleven al
exilio.”
Pero a mi amigo, estas
actitudes resistentes al pesimismo y al fracaso le parecen temerarias. Una
lástima.
Esto es Hasta la victoria siempre y Vamos por más.
Guste o no.
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