Un poco más solos
Lipotes vexillifer
Delfín
del Río Yangtze
Delfin
de aleta blanca
Delfin
chino del rio yangtze
Delfin
baiji
Pai-chi,
Delfín
de río chino
Delfín
de bandera blanca
Los
nombres del hermano que, dicen los hombres de saber, se halla extinto, ya sea
por completo, o funcionalmente extinto,
lo que significa que podrían sobrevivir algunos ejemplares pero no en número
suficiente para perpetuar la especie.
El
hermano vivió al parecer por un período de 25.000 años en el Río Yangtzé
(China). Históricamente fue capturado por los habitantes de la rivera, no
siendo esto causa de extinción, pero con el crecimiento de China, el desbalance del medio
ambiente fue mortal para su continuidad. 12 millones de personas presionando
sobre su patria de agua, la Represa
de las 3 Gargantas, las aguas contaminadas, el infernal tráfico naviero y la
pesca en un momento en que ya el número de Baijis era poco sustentable,
dictaminaron su borrado del mapa de los seres vivos.
Solían
mostrarse en grupos de 4 o 5 ejemplares, ejercitándose en la caza de los peces
que eran su alimento exclusivo. A menudo nadaban junto al otro delfín del Río
Yangtzé, el Delfin sin aletas o Neophocaena
phocaenoides (otro hermano amenazado de muerte), en una muestra de sociabilidad.
El
gobierno chino comenzó a interesarse en el delfín Baiji en 1970 y pronto se
entendió que la población decrecía con peligro. Esto se observó continuadamente
durante los 80 y los 90. Se tardó demasiado en tomar medidas protectivas y las
que se tomaron fueron insuficientes o inadecuadas; los presupuestos, exiguos.
A
mediados del Siglo XX los había por miles. Se contabilizaron unos 300 hermanos
en 1986, 200 en 1990 y 7 en 1997. En 2006 se integró una expedición
multinacional que evaluaría su situación: recorrieron en 2 barcos 3.500 ilómetros de río y no hallaron uno solo. El 13 de
diciembre de ese mismo año se lo declaró extinto. Al año siguiente se avistó un
Baiji en la provincia Anhui. Fue la última señal de su existencia.
Aunque se precisa el paso de 50 años para declararse la extinción definitiva de una especie, no hay en realidad motivo para ser optimistas. Podemos creer que la inteligencia de estos seres pudo decidirlos a migrar a aguas más propicias, pero no hay pruebas de semejante hazaña.
Digo
que eran nuestros hermanos por ser capaces, igual que nosotros, de tener
conciencia de sí mismos. Imagino la angustia de ese último delfín Baiji nadando
solitario, comprendiendo, al cabo de una final e infructuosa búsqueda a través
del inmenso río, que era el último, que ya no habría encuentros, intercambios
de sonidos, juegos, trabajo asociado, cortejos amorosos, crías, en fin, nada de
lo que da sentido a una vida. No dudo que se haya dejado morir una
vez convencido de su absoluta soledad. Cualquiera de nosotros hubiera hecho lo
mismo.






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