El ciber militante no regresa en la mitad del río
La vida de los
ciber militantes no tendrá tantos sobresaltos como los tienen los militantes “dendeveras”,
pero no es para nada aburrida. Nos chocamos en la autopista digital con cada
gaucho que parece un ombú, por no decir “grande como un gorila”, que no nos
dejan ni distraernos ni bajar los brazos en el empeño que tenemos de conquistar
un medio que creemos primario en la transmisión
de ideas y fervores. También luchamos nosotros con un aparato cultural impuesto
en 200 años de coloniaje, contra idénticas consignas que en otras épocas
despertaron la rebeldía de un Jauretche o un Scalabrini (sin querer
compararnos). Y en la faena cotidiana tratamos de desarmar los múltiples
mecanismos de sub valoración de las cosas propias, nacionales y populares, tan
sólidamente instaladas por el adversario ideológico. Nos enredamos a veces en
las cazabobos dejadas por una historia hecha más a la resignación que a la
lucha. Repelemos todo lo posible el desánimo traidor que lleva a la derrota, a
veces con humor, otras con ironía, enlazándonos con gente de parecidas
motivaciones y retroalimentándonos uno de otros, jugando a ser mariscales de
victorias legendarias que fueron negadas a hombres y mujeres acaso muy
superiores pero que no tuvieron la suerte nuestra de desarrollar sus fuerzas en
épocas históricamente felices como son estas del kirchnerismo. Y vamos en
patota cruzando un río, bastante desorganizados, con aspecto de marchantes
callejeros, intercambiando gritos y reprimendas con los que nos ven como un
colectivo a sueldo, mercenario, lanatesco.
Incipientes
modelo de organización comienzan a contenernos en redes de ciber militantes.
Está bueno. No toda la vida hemos de seguir como solitarios anárquicos.
Pero, en lo
íntimo de la concepción de nuestra tarea, nunca dejará de estar un básico
sentido de independencia de criterio, un sesgo de la conducta que nació -estoy seguro-
de observar y sufrir las repetidas traiciones y claudicaciones de muchos que en
diferentes épocas se vendieron como Ernestos Guevaras y terminaron siendo
estafadores de la buena fe, aprovechadores de la sed de ser liderados. ¿Se entiende?
Nunca dejaremos de mirar críticamente a los “de arriba”. Y eso es muy sano.
Para coro de
aplaudidores no debiéramos servir, ni para ultra buscadores de pelos en la leche. Ni pelotudos
ni escépticos.
Porque no
somos organismo de control político de nada ni de nadie. Ni tenemos collar. Ni
queremos ser miembros de falanges. Pero tampoco hay tiempo ni necesidad de ser
gente quisquillosa que ante cualquier “falta” (real o imaginaria) se manda a
mudar buscando refugio en las líneas
de una Editorial Perfil (o lo que
fuera).
Y a este respecto,
voy a decir que es bueno no cambiar de caballo en el medio del río, pero más
bueno es que, cruzando un río junto a otros, termines de cruzarlo con esos
compañeros, y no que el que viene delante de tuyo de pronto se de vuelta y ya
te vea regresar diciendo a viva voz que ese no era el río, que no había que cruzarlo
por ahí o que te vas a buscar otros ríos y otros socios (ya no compañeros) con
quienes cruzarlo. ¿Qué carajos se puede esperar de nosotros si no somos leales
y solidarios con el esfuerzo común? Y si uno, alguien, un “x”, un cualquiera, tiene para agradecer y valorar de
gente que en mejor posición le dio mano, ¿cómo queda al malpagarle? En lo
personal, no tengo nada que pagarle a nadie, pero sí hay un compromiso ético,
de persona del pueblo a la que criaron en el firme entendimiento de sostener
las banderas grupales hasta el fin, como una cuestión sin la cual no hay ni
palabra, ni vergüenza, ni nada. Al menos ese era el mensaje con el que se
criaba antes a los muchachos en los hogares peronistas.
Los ciber militantes
estamos cruzando un río, junto al pueblo, que nos contiene y nos da sentido. No
sería bueno que nos pidan algo distinto de lo que sabemos hacer. Sí pueden
exigirnos -igual que nosotros se la exigimos al resto- coherencia y una palabra
sin dobleces. La absoluta seguridad de estar identificados con una causa y que
nuestras acciones no tienen mala voluntad, ánimo de dividir, complicar,
ensuciar,…
Hasta ese
punto somos muy firmes. Y si ven a alguno de los nuestros regresar en medio del
cruce del río, no hagan caso. Mejor es seguir nada más con los que son del palo,
absolutamente.
Otra sería darnos una mirada más amplia. Nadie se fue del todo, sólo que se forzaron ciertos márgenes. ¿y si somos eso?
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