Larga vida al kirchnerismo
¿Qué otra
cosa decir a la vista de esta oposición? ¿Alguna vez se habrá amasado una cosa parecida, hecha de diversos
ingredientes que no parecen pegar ni con moco? Yo no lo creo.
Y repito lo
que posteé tantas veces: “No es que nosotros seamos tan brillantes;
es que ellos son tan mediocres, que resulta fácil derrotarlos”. Bueno,
dicho esto y esperando que ningún cumpa explote de bronca pensando que
subvaloro la capacidad de los dirigentes (Dios no me lo permita), seguiré mi
plácido transcurrir por los pliegues y las entretelas de un movimiento que
trajo al continente madre (el
Movimiento Nacional y Popular) la
parte que le faltaba, que es la decisión metálica de no ceder, no perder, no
ser desplazado y pelearla en el lugar pase lo que pase. Porque -se habrán dado
cuenta- en esta parte de la patria no hay espacio para buques ni cañoneras que
lleven al líder al exilio; todas y cada una de las batallas se dan en el
terreno. Y si el costo es fundir el corazón en el empeño, se funde, como lo
dejó claro Néstor Kirchner. De eso estamos tan tristes como orgullosos.
Pero
superando la parte sensible del asunto vayamos un poco más adelante en la
explicitación de la idea/aspiración/tarea que hace de título del post. Larga vida al kirchnerismo, no por
cholulos fanatizados ni patéticos recogedores de migas de banquetes ajenos; larga vida al kirchnerismo por razones
de coherencia (si lo querés ver desde ese ángulo), ya que no hay del otro lado
de la valla un solo mísero candidato que represente, aunque más no sea de modo
lejano, el tipo de conducción e ideología que buscamos para este nuestro país; larga vida al kirchnerismo porque somos
como el burro que una vez aprendido el camino seguro por los peligrosos caminos
de montaña no lo olvida nunca; larga
vida al kirchnerismo porque no queremos saber más nada de opciones
conservadoras y muchísimo menos de salidas por derecha bajo conducción
peronista (o peornista, como dice Roberto Hyon), pues no debe haber nada más
tóxico, repugnante y peligroso para los intereses populares que un peronista de
derecha (o peronoide conservador); larga
vida al kirchnerismo porque (permítaseme la digresión romantiquera) “después
de ti no hay nada” -según dice la canción de José Feliciano- en el
claro sentido ideológico (más de esto aplaudiríamos y con menos no estaríamos
conformes); larga vida al kirchnerismo
aunque muchos miembros del colectivo de sus principales becarios (clase media
petisa, alta y baja) por ahí se hagan de los pelotudos indiferentes, como si su
prosperidad de 10 años en alza se la debieran al Ratón Pérez, a la conjunción
de los astros o a la gran puta que los parió; larga vida al kirchnerismo porque no queremos parecernos a estos
desclasados que viven en irresponsable nube de pedos pretendiendo ser no sé qué
clase de seres evolucionados cuando no son más que lo que el kirchnerismo pudo
salvar de la trituradora liberal; larga
vida al kirchnerismo porque nosotros sí tenemos ideología, objetivos,
estrategia y táctica; larga vida al
kirchnerismo porque así seguirá viva la idea firme de no juntarse con
cualquiera con tal de rasguñar unos votos; larga
vida al kirchnerismo para que no vuelvan nuevos De La Rúa y Menem con sus
economistas de elite a cagarnos la vida; larga vida al kirchnerismo por el bien
de todos/as (incluso de los desagradecidos/as); larga vida al kirchnerismo, sin ninguna clase de vergüenzas ni
desconfianzas al cuete (¿o acaso no tenemos el hedor de la traición en nuestras
narices y la reconocemos de lejos?); larga
vida al kirchnerismo por vos, por él, por ella, por el de más allá, por el
que está al costado todavía, solo y esperando; larga vida al kirchnerismo y que se caguen bien cagados los que
protestan austeridad y control del gasto público cuando lo que quieren decir
es: “No
los dejen aumentarse mucho a esos negros de mierda”; larga vida al kirchnerismo porque es la
decisión del pueblo, qué carajo.
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