Perversa lógica opositora, por Eduardo Di Cola*
“MIENTRAS MEJOR,
RESULTÓ PEOR”
En las elecciones
de hace cuatro años la oposición obtuvo un resultado razonable. Si bien los
porcentajes nacionales favorecieron al oficialismo, lo cierto es que aunque
ajustado, obtuvo un importante triunfo en la provincia de Buenos Aires.
En aquella
oportunidad lograron ingresar como Diputados Nacionales un número mayor al de
las elecciones anteriores.
Esta circunstancia
lejos de colocarlos en una posición de fortaleza institucional los condujo a
otro fracaso. Como ejemplo basta recordar que por primera vez del advenimiento
democrático nos dejaron sin presupuesto por un año.
Los dirigentes
opositores no imaginaron al resultado logrado en el año 2009 en el distrito
electoral más importante del país en términos de cimientos para una construcción
colectiva futura.
Hoy se encuentran
con que desde lo más exacerbado del individualismo todos quieren la reelección.
Todos se consideran indispensables. La “República no se realizará” si no están
sentados en la banca. Como el que pierde en las PASO queda eliminado de la
posibilidad de competir en las elecciones generales, deciden no correr riesgos
y las internas como principio ordenador y de saludable competencia son
descartadas de plano.
Los principales
dirigentes bonaerenses de la oposición han caído en una lógica perversa. Ser
muchos les genera serias complicaciones en su afán de continuar como Diputados.
Tienen que provocar tantas divisiones como les resulte necesario para poder
encabezar las listas, o en su defecto armar efímeras alianzas sin ningún tipo
de afinidad política ni personal. Como ejemplo cabe recordar que del total de
los 257 Diputados Nacionales, el 45% está integrado al bloque oficialista, en
tanto el 55% restante –no oficialista/opositor- está dividido en 34 bloques.
En definitiva, en
esa lógica perversa no hay dudas que lo mejor para ellos es ser pocos,
poquitos. Mientras menos sean más sencillo les resultará el reparto de los
escasos lugares que la democracia representativa les brinda.
Para la oposición
los proyectos colectivos no existen. De los otros, los individuales, los que
implican trepar sin importar a quien se pisa para desgracia del país los tienen
de sobra.
Las actitudes
egocentristas son suficientes para dar cuenta de su incapacidad para afrontar
hacia el futuro un proyecto de gobierno sustentable y explica hacia el pasado
el contundente fracaso de la Alianza.
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