1º de junio de 1874, día felíz para la cultura nacional: nace Macedonio Fernández
Fecha del nacimiento de uno de los argentinos más buenos, raros e
intelectualmente apreciables, Macedonio Fernández.
El gran Macedonio no pensaba
como nosotros lo hacemos; su inteligencia tomó otros caminos, lo que puede
comprobarse al leerlo.
Porque fue genial comprendió
que el mundo de las ideas no se rige por las leyes físicas y matemáticas; vio
(intuyó o supo por un primario acto reflejo de su mente distinta) que allí no
hay un largo, un alto y un ancho, ni las cosas caen por obligación de gravedad,
pudiendo quedarse suspendidas o ir en direcciones voluntarias, que tampoco pueden
condensarse leyes que expliquen su funcionamiento (aunque es ese mundo de las
ideas el que las descubre en el mundo material, que resulta más simple por
estar anclado a la presencia de sustancia y masa), que él bien podía transitar
ese mundo por donde se le ocurriera, ayudado por su personal ausencia de
intereses prácticos (no estaba del todo instalado en lo terrenal, ni a medias).
No se ha destacado lo
suficiente su oficio de humorista (el principal que tenía y más cultivado que
el de abogado, filósofo novelista y poeta), cosa que asombra viendo la
mayúscula cantidad de renglones de su obra enorme en los que desarrolla algo
que en el futuro se considerará un capítulo aparte de la literatura en lengua
castellana, y podría llamarse Humor Macedónico:
·
“Los otros días iba caminando
muy entretenido y me encuentro con el arroyo más raro del mundo:
figúrese que la orilla de este lado la tenía del otro.”
·
“Había tan pocos que faltaba uno más y no cabía.”
·
“¿Acaso no podían exterminarse entre sí dentro de cada
país sus habitantes, entre conocidos? Bastaba para ello con dividirse con
nombres opuestos.” (Refiriéndose a guerras mundiales).
·
“Tienes que disculparme por no haber ido anoche. Soy
tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo de que me había quedado
en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y me olvido de
avergonzarme también.”
·
“Habiendo tantísimas personas interesantes ¿por qué
preferimos admirarnos a nosotros mismos?”
·
“Hay que regocijarse de que las espinas estén
recubiertas de rosas.”
·
“El principio del discurso es su parte más difícil y
desconfío de aquellos que comienzan por él.”
·
“Pero aparte de que mi voz siempre habló mal de ella
misma, sus encantos han empeorado. Me tenía molesto una ronquera que no sé
dónde me empezó y justamente hoy se me ha corrido a la garganta.”
·
“Viniendo a mi libro, querido lector, espero que
reconoceréis que también es de los que tienen el mérito de llenar un vacío con
otro, como todos los libros. Viene a colmar ese gran vacío que han cubierto
todas las solemnidades escritas, habladas, versificadas, desde miles de años,
tanto vacío que no se entiende cómo ha podido caber en el mundo. Con la
diferencia de que el vacío que llena con otro mi libro es su verdadero asunto.”
Macedonio no se atrevió con
el idioma castellano, como muchos afirman, desdibujándolo y refundándolo en
otra matriz. No, él se metió con la forma de pensar las cosas que se maneja
socialmente, una que aprendemos en el hogar y sigue afirmándose en la escuela y
la calle. Pensaba distinto a nosotros. Es preciso reconocerlo para recién
entonces comenzar a entenderlo, lo que puede no resultar gratuito y comenzar un
cambio en nuestro propio esquema generador de razonamientos.
Fue raro, seguirá siéndolo.
Gente así no se había producido antes y quien sabe cuanto tiempo pasará antes
de que nuestra cultura posibilite el crecimiento de una persona parecida a
Macedonio.
Macedonio (todo él, es decir,
sus escritos, su conversación, sus proyectos, su forma de vida,…) es la
confirmación triunfante de la diversidad capaz de darse en los seres humanos a
nivel cultural; si no hubiera existido, aquellos que consideramos que la
singularidad es un valor principal del espíritu, sospecharíamos que algo, una
parte, un sector de la verdad se extravió, dejándonos incompletos.
Y claro, están sus anécdotas
y curiosidades. Su candidatura a presidente de la nación ficticia, la colonia libertaria
del Paraguay, la valija con alfajores para visitas, las bandejas de masas
almacenadas en roperos, sus extraordinarias condiciones de guitarrista, su paso
por el poder judicial, su estilo socrático de impartir enseñanzas a los
discípulos, la multiplicación asombrosa de sus escritos, el abandono que hacía
de ellos (no tenía interés en publicar), una masa alucinante de detalles que
indican la presencia de un individuo diferente y mejor (sin importar la mala
opinión que tenían de él Mujica Laines y Bioy Casares).
Yo prefiero al Macedonio
humorista, pero los que quieren bien valorarlo como filósofo o como poeta, no
se quedarán sin argumentos de peso:
·
“La realidad
es toda de imágenes: el hombre que me ataca revólver en mano, el hijo que llega
a mi de un viaje, es todo visualidad para mi, exactamente como de un
Ensueño."
·
"Sea,
pues, la realidad lo cuestionado, no el Ensueño, que es la sencilla verdad de
sí mismo."
·
"Lo
único que nunca hubo ni nació ni conocimos es el Yo, y por no haberlo somos
inmortales."
·
“Ya que no
puedo hacer copla ni proverbio comparables a uno cualquiera de las docenas que
inventó el pueblo, no me queda más camino que hacerme escritor de muchos
volúmenes.”
·
“Cuando la
felicidad nos sale al paso nunca lleva el hábito con que nosotros pensábamos
encontrarla.”
·
Amor se fue
Amor se fue,
mientras duró
de
todo hizo placer.
Cuando se fue
nada
quedó que no doliera.
·
“Estudio
mucho a la mujer desde años atrás y cada día desespero más de sentir alguna vez
como ella siente, de sentir siquiera por un instante una de esas emociones de
gracia con respecto a sí mismas o al vivir de otros o de desesperación
absoluta, que el hombre no conoce. ¿Cómo será ser mujer?”.
Terminaremos el pequeño,
incompleto, improvisado homenaje a la persona que tanto queremos, dejando para
gusto de los lectores de La Voz
del Chacarero uno de sus cuentos
increíbles:
El zapallo que se hizo cosmos -
Macedonio Fernandez
Érase un zapallo creciendo solitario en ricas tierras del Chaco. Favorecido por una zona excepcional que le daba de todo, criado con libertad y sin remedios fue desarrollándose con el agua natural y la luz solar en condiciones óptimas, como una verdadera esperanza dela Vida. Su historia íntima
nos cuenta que iba alimentándose a expensas de las plantas más débiles de su
contorno, darwinianamente; siento tener que decirlo, haciéndolo
antipático.
Pero la historia externa es la que nos interesa, ésa que sólo podrían relatar los azorados habitantes del Chaco que iban a verse envueltos en la pulpa zapallar, absorbidos por sus poderosos raíces.
La primera noticia que se tuvo de su existencia fue la de los sonoros crujidos del simple natural crecimiento. Los primeros colonos que lo vieron habrían de espantarse, pues ya entonces pesaría varias toneladas y aumentaba de volumen instante a instante. Ya medía una legua de diámetro cuando llegaron los primeros hacheros mandados por las autoridades para seccionarle el tronco, ya de doscientos metros de circunferencia; los obreros desistían más que por la fatiga de la labor por los ruidos espeluznantes de ciertos movimientos de equilibración, impuestos por la inestabilidad de su volumen que crecía por saltos.
Cundía el pavor. Es imposible ahora aproximársele, porque se hace el vacío en su entorno, mientras las raíces imposibles de cortar siguen creciendo. En la desesperación de vérselo venir encima, se piensa en sujetarlo con cables. En vano. Comienza a divisarse desde Montevideo, desde donde se divisa pronto lo irregular nuestro, como nosotros desde aquí observamos lo inestable de Europa. Ya se apresta a saberse el Río dela
Plata.
Como no hay tiempo de reunir una conferencia panamericana -Ginebra y las cancillerías europeas están advertidas-, cada uno discurre y propone lo eficaz. ¿Lucha, conciliación, suscitación de un sentimiento piadoso en el Zapallo, súplica, armisticio? Se piensa en hacer crecer otro zapallo en el Japón, mimándolo para apresurar al máximo su prosperación, hasta que se encuentren y se entredestryan, sin que, empero, ninguno sobrezapalle al otro. ¿Y el ejército?
Opiniones de los científicos; qué pensaron los niños, encantados seguramente; emociones de las señoras; indignación de un procurador, entusiasmo de un agrimensor y de un toma-medidas de sastrería; indumentaria para el Zapallo; una cocinera que se le planta delante y lo examina, retirándose una legua por día; un serrucho que siente su nada. ¿Y Einstein?; frente a la facultad de medicina alguien que insinúa: ¿purgarlo? Todas estas primeras chanzas habían cesado. Llegaba demasiado urgente el momento en que lo que más convenía era mudarse adentro. Bastante ridículo y humillante es el meterse en él con precipitación, aunque se olvide el reloj o el sombrero en alguna parte y apagando previamente el cigarrillo, porque ya no va quedando mundo fuera del zapallo.
A medida que crece es más rápido su ritmo de dilación; no bien es una cosa ya es otra; no ha alcanzado la figura de un buque que ya parece una isla. Sus poros ya tienen cinco metros de diámetro, ya veinte, ya cincuenta. Parece presentir que todavía el cosmos podría producir un cataclismo para perderlo, un maremoto o una hendidura de América. ¿No preferirá, por amor propio, estallar, astillarse, antes de ser metido dentro de un Zapallo? Para verlo crecer volamos en avión; es una cordillera flotando sobre el mar. Los hombres son absorbidos como moscas; los coreanos, en la antípoda, se santiguan y saben su suerte es cuestión de horas.
El Cosmos desata, en el paroxismo, el combate final. Despeña formidables tempestades, radiaciones insospechadas, temblores de tierra, quizá reservados desde su origen por si tuviera que luchar con otro mundo.
"¡Cuidaos de toda célula que ande cerca de vosotros! ¡Basta que una de ellas encuentre su todocomodidad de vivir!! ¿Por qué no se nos advirtió? El alma de cada célula dice despacito: "yo quiero apoderarme de todo el ‘stock’, de toda la ‘existencia en plaza’ de Materia, llenar el espacio, y, tal vez, los espacios siderales; yo puedo ser el Individuo-Universo,la Persona Inmortal
del Mundo, el latido único". Nosotros no la escuchamos ¡y nos hallamos en
la inminencia de un Mundo de Zapallo, con los hombres, las ciudades y las almas
dentro!
¿Que puede herirlo ya? Es cuestión de que el Zapallo se sirva sus últimos apetitos para su sosiego final. Apenas le faltan Australia y Polinesia.
Perros que no vivían más que quince años, zapallos que apenas resistían uno y hombres que raramente llegaban a los cien… ¡Así es la sorpresa! Decíamos: es un monstruo que no puede durar. Y aquí nos tenéis adentro. ¿Nacer y morir para nacer y morir…?, se habrá dicho el Zapallo: ¡oh, ya no! El escorpión, cuando se siente inhábil o en inferioridad se pica a sí mismo y se aniquila, parte al instante al depósito de la vida escorpiónica para su nueva esperanza de perduración; se envenena sólo para que le den vida nueva. ¿Por qué no configurar el Escorpión, el Pino,la
Lombriz , el Hombre, la Cigüeña , el Ruiseñor, la Hiedra , inmortales? Y por
sobre todos el Zapallo, Personación del Cosmos, con los jugadores de póker
viendo tranquilamente y alternando los enamorados, todo en el espacio diáfano y
unitario del Zapallo.
Practicamos sinceramentela Metafísica Cucurbitácea. Nos convencimos de que,
dada la relatividad de las magnitudes todas, nadie de nosotros sabrá nunca si
vive o no dentro de un zapallo y hasta dentro de un ataúd y si no seremos
células del Plasma Inmortal. Tenía que suceder: Totalidad todo Interna,
Limitada, Inmóvil (sin Traslación), sin Relación, por ello sin Muerte.
Parece que en estos últimos momentos, según coincidencia de signos, el Zapallo se alista para conquistar no ya la pobre Tierra, sinola Creación. Al parecer,
prepara su desafío contra la
Vía Láctea. Días más, y el Zapallo será el ser, la realidad y
su Cáscara.
(El Zapallo me ha permitido que para vosotros -querdios cofrades dela Zapallería- yo escriba
mal y pobre su leyenda y su historia.
Vivimos en ese mundo que todos sabíamos, pero todo en cáscara ahora, con relaciones sólo internas y, así, sin muerte.
Esto es mejor que antes.)
Érase un zapallo creciendo solitario en ricas tierras del Chaco. Favorecido por una zona excepcional que le daba de todo, criado con libertad y sin remedios fue desarrollándose con el agua natural y la luz solar en condiciones óptimas, como una verdadera esperanza de
Pero la historia externa es la que nos interesa, ésa que sólo podrían relatar los azorados habitantes del Chaco que iban a verse envueltos en la pulpa zapallar, absorbidos por sus poderosos raíces.
La primera noticia que se tuvo de su existencia fue la de los sonoros crujidos del simple natural crecimiento. Los primeros colonos que lo vieron habrían de espantarse, pues ya entonces pesaría varias toneladas y aumentaba de volumen instante a instante. Ya medía una legua de diámetro cuando llegaron los primeros hacheros mandados por las autoridades para seccionarle el tronco, ya de doscientos metros de circunferencia; los obreros desistían más que por la fatiga de la labor por los ruidos espeluznantes de ciertos movimientos de equilibración, impuestos por la inestabilidad de su volumen que crecía por saltos.
Cundía el pavor. Es imposible ahora aproximársele, porque se hace el vacío en su entorno, mientras las raíces imposibles de cortar siguen creciendo. En la desesperación de vérselo venir encima, se piensa en sujetarlo con cables. En vano. Comienza a divisarse desde Montevideo, desde donde se divisa pronto lo irregular nuestro, como nosotros desde aquí observamos lo inestable de Europa. Ya se apresta a saberse el Río de
Como no hay tiempo de reunir una conferencia panamericana -Ginebra y las cancillerías europeas están advertidas-, cada uno discurre y propone lo eficaz. ¿Lucha, conciliación, suscitación de un sentimiento piadoso en el Zapallo, súplica, armisticio? Se piensa en hacer crecer otro zapallo en el Japón, mimándolo para apresurar al máximo su prosperación, hasta que se encuentren y se entredestryan, sin que, empero, ninguno sobrezapalle al otro. ¿Y el ejército?
Opiniones de los científicos; qué pensaron los niños, encantados seguramente; emociones de las señoras; indignación de un procurador, entusiasmo de un agrimensor y de un toma-medidas de sastrería; indumentaria para el Zapallo; una cocinera que se le planta delante y lo examina, retirándose una legua por día; un serrucho que siente su nada. ¿Y Einstein?; frente a la facultad de medicina alguien que insinúa: ¿purgarlo? Todas estas primeras chanzas habían cesado. Llegaba demasiado urgente el momento en que lo que más convenía era mudarse adentro. Bastante ridículo y humillante es el meterse en él con precipitación, aunque se olvide el reloj o el sombrero en alguna parte y apagando previamente el cigarrillo, porque ya no va quedando mundo fuera del zapallo.
A medida que crece es más rápido su ritmo de dilación; no bien es una cosa ya es otra; no ha alcanzado la figura de un buque que ya parece una isla. Sus poros ya tienen cinco metros de diámetro, ya veinte, ya cincuenta. Parece presentir que todavía el cosmos podría producir un cataclismo para perderlo, un maremoto o una hendidura de América. ¿No preferirá, por amor propio, estallar, astillarse, antes de ser metido dentro de un Zapallo? Para verlo crecer volamos en avión; es una cordillera flotando sobre el mar. Los hombres son absorbidos como moscas; los coreanos, en la antípoda, se santiguan y saben su suerte es cuestión de horas.
El Cosmos desata, en el paroxismo, el combate final. Despeña formidables tempestades, radiaciones insospechadas, temblores de tierra, quizá reservados desde su origen por si tuviera que luchar con otro mundo.
"¡Cuidaos de toda célula que ande cerca de vosotros! ¡Basta que una de ellas encuentre su todocomodidad de vivir!! ¿Por qué no se nos advirtió? El alma de cada célula dice despacito: "yo quiero apoderarme de todo el ‘stock’, de toda la ‘existencia en plaza’ de Materia, llenar el espacio, y, tal vez, los espacios siderales; yo puedo ser el Individuo-Universo,
¿Que puede herirlo ya? Es cuestión de que el Zapallo se sirva sus últimos apetitos para su sosiego final. Apenas le faltan Australia y Polinesia.
Perros que no vivían más que quince años, zapallos que apenas resistían uno y hombres que raramente llegaban a los cien… ¡Así es la sorpresa! Decíamos: es un monstruo que no puede durar. Y aquí nos tenéis adentro. ¿Nacer y morir para nacer y morir…?, se habrá dicho el Zapallo: ¡oh, ya no! El escorpión, cuando se siente inhábil o en inferioridad se pica a sí mismo y se aniquila, parte al instante al depósito de la vida escorpiónica para su nueva esperanza de perduración; se envenena sólo para que le den vida nueva. ¿Por qué no configurar el Escorpión, el Pino,
Practicamos sinceramente
Parece que en estos últimos momentos, según coincidencia de signos, el Zapallo se alista para conquistar no ya la pobre Tierra, sino
(El Zapallo me ha permitido que para vosotros -querdios cofrades de
Vivimos en ese mundo que todos sabíamos, pero todo en cáscara ahora, con relaciones sólo internas y, así, sin muerte.
Esto es mejor que antes.)

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