Los Moyano y los yaguaretés


País de palabra y esperanza fáciles, La Argentina. Veo a Hugo Moyano invitando a Cristina Fernández a dejar la soberbia de lado. Macanudo, un tipo que puede y quiere frenar el país con tal de salirse con la suya, aconsejando bajar los niveles de soberbia.

El bicho y su bichito Pablo mostraron de una su cara real de gorilas de la clase popular y sindical, como para ratificar que los mejores suelos dan a veces fruta amarga.

Así, unos cuantos peronistas que se criaron en eso de columna vertebral, clase obrera y movimiento justicialista, confundiendo dirigentes sindicales con movimiento obrero, terminaron en estos días comprobando que es más justo comparar a dirigentes como los Moyano con el huesito dulce de la cola (por inútil y potencialmente doloroso) que con la espina dorsal.

Los que no nos hacíamos ni media esperanza con los Moyano estamos más contrariados todavía que los ex ingenuos; contrariados, es decir, recalientes, porque a los argentinos nos han pasado demasiados cosas muy malas provocadas por disfrazados ideológicos como para darnos el lujo de ser inocentes en política, como para vivir en una nube de pedo idealizando a cualquier atorrante solo porque es atacado por nuestros adversarios o porque envía a esbirros como Piumato a 678. No hay derecho a tanta inocencia.

Menos mal que allá arriba tenemos yaguaretés como Aníbal y de Vido, capaces de “hacer un asado bajo el agua”, según dichos del propio Aníbal en programa de Fantino, gente que no se come ni un amague, gente de inteligencia vigilante y por lo mismo prevenida. Menos mal.

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