La fase violenta del movimiento opositor


Como no es ventaja pensar bien de quienes son dañinos ni ser esperanzado respecto de la evolución de los hechos sociales que los involucran, es tiempo de ir viendo cómo se reaccionará frente al posible uso sistemático de la violencia por parte de franjas radicalizadas de la oposición en Argentina.

Las agresiones a los periodistas de 678 son cosa grave, aunque no sabemos si se trató de hechos aislados o ya son parte de una modalidad decretada por algunos que han comprendido que por las buenas no se puede y van derecho a la pérdida de categoría, por ponerlo en términos futboleros.

Pronto se verá; mientras tanto, deberemos (los que somos parte del Movimiento Nacional y Popular) decidir qué postura tomar ante una escalada de violencia y provocación de nuestros adversarios.

Es asunto principal en estos días ponernos de acuerdo en la conveniencia de no incorporarnos al esquema que acaso ya estén proponiendo desde el otro lado. Pensemos: ¿Qué beneficio obtendríamos al participar de un enfrentamiento directo con aquellos que en su desesperación intentan ensuciar el panorama con un clima de caos social artificial? ¿No tenemos la obligación dictada por un correcto sentido de la supervivencia de ser más racionales y cautos que los provocadores? ¿Es posible no ver que la partida, si bien no está ganada, va demasiado favorable a nuestros intereses, que son los de la mayoría del 54%?

Si realmente sectores de la oposición han decidido dar pasos por terrenos de ilegalidad (agresiones físicas directas e incluso más), será tarea de los organismos de seguridad y de la justicia actuar; no creo que una intervención directa de organizaciones civiles oficialistas lleve a producir nada positivo.

La cabeza en un freezer y no pensar que nos está ganando la cobardía o estamos cediendo terreno; todo lo contrario: actuando con calma demostraremos la superioridad de nuestro proyecto.

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