Lugo, entre el pacifismo y la resistencia
Uno hubiera preferido en Lugo
una actitud heroica, el decirle a sus colaboradores que se vayan a su casa y él
regresar a su despacho, a esperar que los cerdos fueran a sacarlo.
Si Lugo actuaba de este modo,
el corazón rebelde de uno se hubiera llenado de orgullo, pero a estas horas
Paraguay estaría con quién sabe qué cantidad de muertos, seguridad que pesó en
el obispo a la hora de retirarse mansamente del Palacio de los López.
Ya los campesinos del
interior no habían sido alentados a llegarse a la capital, sabiendo el gobierno
que el destino estaba decretado y que no había forma pacífica de parar la
rebelión parlamentaria; Lugo sabía que ni los cancilleres del Unasur salvarían
su situación. Y él no quería salvarla por la fuerza.
¿Se lo puede criticar? No
debe ser agradable la perspectiva de hacerse responsable de una sangría entre
hermanos. Por otra parte, el continuo resignar posiciones de los gobiernos
populares cuando se vienen los golpes de derecha han sido un clásico bien
aprovechado por los golpistas. Tema difícil.
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