La habilidad para abrir caminos
Quien escribe esto no es un
fanático k, sí alguien que está de acuerdo con un gran número de soluciones
halladas en estos últimos 9 años. Y no es que me incomoden los fanáticos k -aunque
sí los fanáticos anti k- es solo que no
me parece que desde posturas ideológicas cristalizadas existan buenas
perspectivas para resolver problemas, abrir caminos, cuando vamos yendo
por territorio desconocido.
El tamaño de los problemas en
esta etapa del desarrollo de las sociedades capitalistas (y la argentina es una
sociedad capitalista y nunca desde el kirchnerismo se ha dicho que está por
dejar de serlo) es mayor de lo que nunca antes fue.
Cuestiones como el papel de
los bancos, la bolsa de valores, la libertad de mercado, la autoridad y peso de
los organismos internacionales de crédito, la índole real de la soberanía de
las naciones o su derecho a transitar por donde les conviene, el acceso a la
información, todo eso y mucho más que tiene relación sensible con la idea fracasada de la existencia de una
supuesta inteligencia maestra de los mercados que comienza a funcionar y
provocar bienestar apenas se adoptan una serie de libertades económicas, está siendo discutido y, en la práctica,
en países como el nuestro, refutado.
Estamos
entendiendo que al concepto libertad lo
encapsularon en un pequeño recipiente “liberal”, ahogándolo; se quiso imponer para siempre una noción acotada de libertad que en realidad significaba
libertad de acumulación, libertad de monopolio, libertad de coerción, libertad
de manipulación de la opinión pública.
Y en el
progreso injuriante de esta versión
fascista de libertad han caído millones de personas (y siguen cayendo). Millones de vidas arruinadas por la miseria, de gente que por
su trabajo (único derecho que suele reconocérsele al pobre) recibió nada,
debido a que toda la riqueza que produjo esa gente fue desviada, en virtud de
la libertad de acumulación, hacia grupos de parásitos sociales de
enriquecimiento constante.
Justo en
el medio de este enorme quilombo o
desorden de valores y metodologías, está parado el kirchnerismo, junto a
movimientos equivalentes en Latinoamérica.
Lo que podemos asegurar,
sin temor a errarle ni por medio centímetro al agujero, es que el movimiento
nacional y popular tuvo en estos tiempos una cualidad básica, la de abrir
caminos; si hoy
este país no está saltando por las nubes en una locura de violencia callejera y
represión estatal, si las barriadas pobres no se levantan heroicas exigiendo
algo de igualdad (como es su deber, derecho y costumbre cuando las papas
queman), si la presión económica en la mayoría de los hogares argentinos
disminuyó permitiendo una vida más o menos digna, es porque desde el 2003 hubo
ingenio, responsabilidad y buenas decisiones en medida suficiente.
Aquí que no nos vengan con pelotudeces indemostrables
como el viento de cola, porque lo que se vio fueron autoridad y capacidad de
gestión.
Y conste que no soy un
fanático k. Tal vez por eso mi opinión, que no es novedosa y sí compartida por
millones de argentinos, se mantiene luego de 9 años como reaseguro de
continuidades positivas.
Justo
ahora cuando los antiguos dueños de la pelota salen cargados de un ridículo
inolvidable a cacerolear, a desparramar su turbia visión de lo que La Argentina debería seguir
siendo (un país chiquito, pretencioso y desnaturalizado), a dejar para todos
los tiempos su declaración horrorosa de elitismo ignorante, justo cuando su
palabra odiosa suena fuerte otra vez alentando la desobediencia civil y hasta
la interrupción del sistema democrático, los que apoyamos al gobierno de buena
fe pero sin inocencias (vemos claramente –visión 20/20- dentro de las
estructuras de gobierno nacional y provinciales una multitud de disfrazados,
traidores agazapados a la espera del momento propicio), seguimos celebrando la
habilidad demostrada en estos 9 años para abrir caminos.
Hoy mismo podría terminar
esta aventura nacional por obra de alguna desgracia inconcebible, ser liquidado
este proyecto, hundido otra vez el país en la miseria, pero no podrá ser
borrado de la memoria de los argentinos este período extenso y feliz en el que
millones salieron de la miseria más vergonzosa y pudieron vivir mínimamente
como personas. No hay nada de lo que nos debamos arrepentir ni culpar por este
período de gracia. El que no quiera reconocerlo está en su derecho, pero no
podrá inclinar la balanza de la opinión pública. Es lo que hay y es lo que quisimos, lo que
buscamos, lo que provocamos y defendemos.

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