En Corrientes, el “gordito huraño” en problemas, por culpa de una maldita mansión
El gordito huraño que
gobierna Corrientes, por uno de esos errores que suele cometer la gente, tiene
motivos de sobra para envinagrar un poco más su hinchado y altanero rostro,
mismo que algún día no muy lejano
contemplará en un espejito dentro de una celda, único destino justo para
un pillo de su categoría.
En mala hora decidió invertir
sus injustificables dineros en la mansión de Perú y 9 de julio de esta capital,
en el año 2009, utilizando los servicios de un compinche prestanombre, un tal
Laslo, que ahora también debe arrimarse al mostrador de la justicia para
explicar de donde sacó la plata con que pagó el inmueble de marras.
Claro, Ricardo Colombi, el
gobernador de Corrientes, a quien nuestros lectores de todo el país conocen
bajo el apelativo de “gordito huraño”, deberá dar igual
explicación, ya que efectuó una veloz carrera desde las últimas posiciones de
la sequía más terminal y criolla hasta lograr puestos de vanguardia, compartiendo
podio con terratenientes poderosos de la tierra guaraní; este debe ser el símil
correntino del famoso “sueño americano”, vía de movilidad
social extraordinaria que habilita (o habilitaba, vista la profunda crotera que
aflige a los ex dueños de la pelota mundial) a cualquier pelagatos a
convertirse en hombre de fortuna.
En Corrientes este sueño
tiene más vigencia que nunca entre los bandidos que desarrollan su actividad
predadora desde los recovecos del estado provincial; muchos, demasiados, han
escapado de la medianía monetaria por el recurso simple y desvergonzado de
quedarse con la plata de la gente; así, los “self made men” del
taragüi son legión, distribuyéndose democráticamente en todos los partidos
políticos.
Ya estamos acostumbrados. Lo
que no esperábamos es que un juez pusiera en apuros al principal ejemplar de
esta clase social parasitaria, el “gordito huraño”; no lo esperábamos,
no estaba en nuestros planes, más que nada porque el tipo estaba (o parecía
estarlo) en la plenitud de su poder.
Pero, como bien afirma el
dicho gallego, “A cada chancho le llega su San Martín”.
Estaba cebado el bicho y se
creyó Gardel y parece que terminará en cacatúa; debe de estar teniendo
pesadillas con esa maldita mansión que nunca debió mandar a comprar. ¿Por qué
lo hizo? ¿Por qué no encanutó los dólares en espera de la ocasión propicia?
Habrá sido muy tentadora la oferta y ya se sabe que el angurriento muere
empachado.
La cuestión es que Colombi no
se presentará a declarar el 4 de julio en la causa donde es imputado por los
delitos de Enriquecimiento ilícito,
Falseamiento de declaración jurada y Asociación ilícita; el Hábeas Corpus
lo resguardará temporalmente del desagradable deber de sentarse en una sillita
para explicar de qué se trata toda esta matufia de comprar mansiones mediante
testaferros y en qué se diferencia lo suyo de cualquier operatoria similar
utilizada por grandes delincuentes a la hora de invertir la plata sucia.
Difícil tarea le espera al “gordito
huraño”, que apenas un año atrás era Maradona y hoy más se parece al 3
de Atlético La Vizcacha ;
vaivenes de la fortuna.
Difícil en lo judicial y en
lo político, con el tándem Camáu/Ríos barriendo Capital e interior sumando
apoyos y afirmando en la población la sensación de estar asistiendo al final
del ciclo colombista.
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