Cobos, Moyano, Scioli. ¿Quién sigue? A usar el manual.
Será cuestión de ajustar
algunos cuantos tornillos y tuercas en el aparatito que registra la
confiabilidad de los colaboradores o supuestos compañeros de ruta.
Porque existe una raza
resbalosa de aspirantes a cargos y beneficios, bien poblada, tenaz y
atropelladora.
Yo, en particular, no tengo
casi dificultades para detectar estos pillos y manejo una especie de manualcito
o instrucciones para detectar disfrazados y posibles apóstatas:
·
Cuando un tipo
cabildea, secretea, conspira y, en general, no actúa nunca de frente, hay que
parar las orejas
·
cuando hace del
silencio o de la no opinión una regla, responde con generalidades, no demuestra
verdadero fervor por nada, evita temas controversiales y por todo eso resulta
imposible saber qué cosa piensa en realidad, es hora de observar con
desconfianza al sujeto: algo trae bajo el poncho
·
cuando su mayor
aspiración es ser visto como la esencia de la moderación, invisibiliza los
fundamentos de su ideología, aspira a ser referente de los pecho frío de la
clase media y empiezan a decir de él los voceros del stablishment que es un
prospecto “interesante de ser visto en su evolución” y que “encarna
valores que tienen bastante que ver con la razonabilidad”, guarda, porque
estaríamos frente a un doble cara que no vacilará en vendernos
·
cuando no hay
forma de sacarle una opinión polémica, jugada y visceral, de llevarlo a un
terreno no señalizado donde cada cual debe atenerse y jugar con sus propias
valoraciones, de sacarlo de la comodidad del aparato y el verticalismo (donde
toda acción se transforma en impersonal) o de extraerle alguna traza de
personalidad, es muy posible que no estemos frente a un mediocre sino ante una
persona que está ocultando sus propósitos
·
cuando quiere
hacerse padre de criaturas ajenas (tal cual Moyano al jetonear que los
trabajadores y por lo tanto la CGT
-o sea él- son la causa del 54% del año pasado), comienza a referirse a los
progresos logrados como una especie de propiedad personal y trata de instalar
la noción de que las cosas funcionaron solo porque él estaba en el medio, seguro
estamos ante un pedorro aspirante al olimpo
·
cuando no dice
una palabra de los sectores conservadores que fundieron al país pero se alerta
terriblemente por el surgimiento de muchachadas seguidoras del movimiento
nacional y popular (tipo La
Cámpora ) y la palabra zurdos
comienza a resbalársele de los labios como un reproche final que señala una
pústula imaginaria que identifica con grandes peligros, puede tenerse por seguro
que se está en presencia de alguien que no es de nuestro sector (y no es malo
no pertenecer a nuestro sector, pero el que se halla en tal caso, debe ir al
bando de su preferencia y no quedarse donde no se acomoda)
Cada quien se maneja por sus
propios instintos en asunto tan complejo como el de evaluar lealtades; nada
sencillo. Sin embargo es preciso ser desconfiados antes que ingenuos.
Demasiadas cosas buenas están en juego y no se ha de permitir que sigan
proliferando los que dicen ser y no son.
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