Escribiendo al estilo Clarín III- El increíble funcionario Buena Onda
Cuentan los observadores
veteranos del acontecer presidencial que la presencia en la Rosada del increíble
funcionario al que todos llaman “Buena Onda”
es más y más frecuente, en directa proporción al quiebre masivo del edificio de
la gobernabilidad.
Deambulando por pasillos
inmediatos al despacho de la jefa, una sonrosada secretaria con actitud cómplice me
murmura al pasar: “Seguro que hoy viene Buena Onda, porque la tipa está muy alterada”.
Camino otro pasillo de la
sede del régimen y puedo notar la excitación nerviosa de los burócratas, que
entran y salen de los despachos dando portazos mientras dan órdenes a los asustados
subalternos, en su jeringoza desincodificable.
Avanzo unos pasos más y
personal de seguridad me sale al paso invitándome a dejar la escena del crimen
(de los crímenes, sería mejor decir); obedezco sin hesitar, recordando sórdidas
anécdotas que cuentan de periodistas independientes a los que nunca se vio
salir de la cueva de Alí Babá de los patagónicos.
Mi tour por la Rosada , breve por lo
inminente del peligro, me confirmó de todos modos la existencia del funcionario
Buena Onda,
¿Qué papel desempeña Buena
Onda? Para decirlo rápidamente y con crudeza, es el que acerca las buenas
nuevas donde se disfraza el desencanto de la realidad con falsos datos
estadísticos, se reformulan los índices de la creciente miseria para que
parezcan señales de progreso, el estancamiento económico se vuelve tasa china de crecimiento y, en
general, vuelven brillantes las muchas oscuridades del modelo.
Cuentan que Buena Onda es un
antiguo funcionario de Economía, reclutado por confianza a su fidelidad para
hacer llegar a la presidente suficiente número de datos falsificados que le
mantengan en calma y convencida de los logros de su gestión. Cuesta creerlo,
¿verdad?
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