Crisis en España y la reacción animal
Que España camina rectamente hacia el abismo no es noticia; cada día los servicios informativos difunden las señales del desastre neoliberal que los encepa.
Habrá que estudiar con método y desprejuicio la gravedad de los acontecimientos en aquel país, pues ciertos indicios estarían mostrando que la crisis escapó al ámbito económico abarcando otras áreas mucho más delicadas y difíciles de reparar.
Estamos hablando, para decirlo de una vez y por mucho que nos pese, del área de las costumbres morales, del pudor, del respeto por la intimidad del otro (aunque el otro incluso no pertenezca a nuestra especie), de la no intrusión en la vida sexual ajena, del violentamiento del inalienable derecho de cada ser a establecer relaciones carnales por propia voluntad.
Amigos residentes en la península ya nos habían comentado que desde que inició el gran desbarajuste vienen registrándose cambios preocupantes en la conducta de los nativos, quienes acaso poseídos por un temor irracional de enfrentarse a los días finales de su existencia (confundiendo paro y recesión con apocalípsis), entran a practicar determinadas libertades inusitadas y reprochables.
Por decirlo de un modo que no resulte hiriente: los gallegos están muy alzados y tratan por todos los medios de acceder al trato carnal con cualesquiera se ponga en su camino. Pero no termina el estado de excitación en los habitantes humanos y ya en las zonas rurales el raro fenómeno parece haberse extendido a los animales domésticos, tal cual se refleja en este breve artículo que nos acercara Juan Rodass, un destacado estudioso de las alteraciones de la conducta en sociedades sometidas a procesos de pauperización y recientemente nombrado Miembro Ad Honorem del Departamento de Ciencias de La Voz del Chacarero.
Habrá que estudiar con método y desprejuicio la gravedad de los acontecimientos en aquel país, pues ciertos indicios estarían mostrando que la crisis escapó al ámbito económico abarcando otras áreas mucho más delicadas y difíciles de reparar.
Estamos hablando, para decirlo de una vez y por mucho que nos pese, del área de las costumbres morales, del pudor, del respeto por la intimidad del otro (aunque el otro incluso no pertenezca a nuestra especie), de la no intrusión en la vida sexual ajena, del violentamiento del inalienable derecho de cada ser a establecer relaciones carnales por propia voluntad.
Amigos residentes en la península ya nos habían comentado que desde que inició el gran desbarajuste vienen registrándose cambios preocupantes en la conducta de los nativos, quienes acaso poseídos por un temor irracional de enfrentarse a los días finales de su existencia (confundiendo paro y recesión con apocalípsis), entran a practicar determinadas libertades inusitadas y reprochables.
Por decirlo de un modo que no resulte hiriente: los gallegos están muy alzados y tratan por todos los medios de acceder al trato carnal con cualesquiera se ponga en su camino. Pero no termina el estado de excitación en los habitantes humanos y ya en las zonas rurales el raro fenómeno parece haberse extendido a los animales domésticos, tal cual se refleja en este breve artículo que nos acercara Juan Rodass, un destacado estudioso de las alteraciones de la conducta en sociedades sometidas a procesos de pauperización y recientemente nombrado Miembro Ad Honorem del Departamento de Ciencias de La Voz del Chacarero.

Comentarios
Publicar un comentario