Reconocimiento a las mujeres de la patria, por Pridiliano Matías Ezequiel Arizábal Crocce Hughes
Tardío acaso mas ineludible; justo e irrefrenable surge el sentimiento de un patricio de observar a las gloriosas damas en arrojado ímpetu libertario.
Que no quepan dudas al infausto conglomerado o amontonamiento criollo-negroide, de las fuerzas imbatibles de la clase con justicia dominante, de su decisión de combatir hasta el postrero aliento por sus derechos de primacía sobre la insolente chusma alzada.
Amaine el ímpetu vano de la forajida austral y su cohorte de monaguillos perversos y vea con claridad que el final de sus fechorías llega tan cierto como el Día de San Martín a los cerdos.
Aborde la usurpadora del Sillón de Rivadavia oportuno helicóptero y huya presurosa, pues la gente de bien ya ha tomado la decisión de retomar las riendas de una nación empantanada en las miasmas repulsivas del populismo, alejada de la santa religión, de la moral y las buenas costumbres.

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