Cómo va lo de Paraguay
Los países vecinos están muy limitados para ejercer
presiones decisivas, por los siguientes motivos:
1. la opción
militar está deshabilitada
2. las
sanciones económicas se han descartado -con toda pertinencia- pues en estos
casos y en el deseo de penalizar a un gobierno se termina dañando el nivel de
vida del pueblo
3. la presión
diplomática es de un orden mayoritariamente moral y poco puede afectar a los
miserables que se apropiaron del manejo del estado en Paraguay
Así las cosas la única
posibilidad de escapar del pozo medieval al que Franco y sus mandantes
reenviaron a la nación va por el lado exclusivo de lo que los propios
paraguayos puedan hacer para enderezar su destino (nótese que al referirnos a
los mandantes de Franco, nos estamos
refiriendo a terratenientes, sojeros, curas y militares, que son los que
conducen los hilos de polítiquillos venales al estilo del usurpador/traidor
Federico).
Para ser claros y aunque suene brutal: los paraguayos están solos en su encrucijada.
Es loable, fiel y bien
intencionado, pero el apoyo de UNASUR a Paraguay es moral y al no decidir nada,
obliga a los vecinos a encontrar la salida por sí mismos.
Existen 2 caminos de salida hacia la libertad:
1. la revuelta
popular, que podría terminar en guerra civil
2. la
organización y movilización de los sectores progresistas poniendo objetivo en
las elecciones presidenciales del 2013
La primera opción se
descarta; la historia paraguaya luego de ser aplastado el país por la Guerra de la Triple Alianza es
una línea constante de 142 años de ultra conservadurismo que imprimió en
sectores amplios de la población una firme resistencia al cambio. Debe
entenderse esto, comprender el pasado político de los hermanos guaraníes, los
condicionamientos culturales que los retienen en posición de víctimas y aceptar
que no se sale en un solo paso del profundo pantano ideológico oligárquico formado
en esos 142 años. Pedirles a los paraguayos que se alcen civilmente contra el
gobierno fáctico de Franco es exigir más de lo que las circunstancias
históricas permiten. Además, si ese alzamiento, por alguna razón extraordinaria
llegara a ocurrir, en virtud de la índole brutal de la milicada paraguaya,
indefectiblemente terminaría en una matanza histórica.
Lo razonable es esperar que
la dirigencia nacional y popular paraguaya utilice con habilidad lo que resta
hasta el 21 de abril del 2013, organizándose, activando conciencias, llegando a
cada paraje, caserío y rancho, pueblo y barrio con el mensaje nuevo que traerá
como consecuencia el cambio de paradigmas culturales que (indefectiblemente)
terminará con el reinado de los administradores de la miseria del pueblo.
Este es el camino posible, el
incruento, el más paciente y razonable; no pensamos que será sencillo para Lugo
ganar las elecciones del año próximo. Está la posibilidad segura del fraude y
la resistencia cultural de muchos ciudadanos a las consignas de evolución
política y cambio social.
Para el final
subrayamos un hecho que no fue tenido en cuenta en los análisis de la cuestión
que nos ocupa: el golpe parlamentario pudo haberse producido mucho antes o ser
postergado; se ejecutó teniendo en cuenta el tiempo que sus ideólogos
consideraron el mínimo necesario para influir en modo decisivo sobre el
electorado a partir del uso de los fondos del estado nacional.
No sabe en este momento
(porque los patrones no lo han decidido) quién será el candidato del poder
económico; lo único cierto es que la labor de Franco es manipular el dinero e influencias
estatales para decidir a la opinión pública en contra de Lugo.
Del otro lado los que quieren
el cambio reman desde el llano. Su único consuelo es saber que tienen el apoyo
espiritual de millones de latinoamericanos y que su causa es justa.
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