¿Peronismo de derecha?
Cuando era ingenuo no podía entender
cómo se juntaban estas 2 palabras; me parecía que el peronismo fue lo
suficientemente revolucionario como para no tener contacto con cualquier
derecha.
Con el tiempo comprobé que muchos dirigentes
del peronismo actuaban como conservadores y quedé desencantado; ¿cómo se las
arregla un peronista para ser de derecha? Es lo mismo que ponerle zapatos de
horma angosta a un tipo que creció en patas.
Después están los que no quieren ser ni
de derecha ni de izquierda; “soy peronista” te dicen. Y punto. Sí, pero,
¿peronista como quién?; “como Perón” te contestan. Está bien, pero, ¿como cuál
Perón?, ¿como el que dándole sus derechos a los trabajadores se enemistó para
siempre con los eternos dueños de la pelota o como el que echó a los montoneros
de la plaza?
Está el peronista cristalizado. Cerró
los libros, ya no quiere aprender y todo lo resuelve con citas del General; es
un santulario de Perón, lleno de estampitas veneradas. Y como se rige por una
liturgia y las liturgias son imposiciones verticalistas validadas por los
conceptos de autoridad y obediencia, cae con facilidad en contradicciones; en
los 90, por ejemplo, no tuvo complicaciones éticas o doctrinales para ser
menemista; había un jefe (Menem) y la sana doctrina verticalista (subordinación
y valor) ordenaba seguirlo.
Soy del 61 y cuando se dio toda la
mierda de Isabel, López Rega y la Triple A yo vivía la realidad a través de lo
escuchaba decir a mi padre, tíos y primos mayores, todos obreros peronistas,
todos, sin ninguna excepción; esos hombres buenos y de pocos estudios (mi papá
y mis tíos aprendieron a leer y escribir durante el servicio militar) no se
comían sin embargo ni un solo amague; odiaban a López Rega, despreciaban a
Isabel y cuando decían milicos escupían la palabra, porque a esa gente no se la
podía engrupir ni distraer. Y no es que fueran revolucionarios; no, eran gente
de trabajo fijo -mi viejo se jubiló con 40 años de servicio en Celulosa
Argentina SA- y familia. Sencillamente, no vivían en la nube de pedo que años
después se extendió sobre la conciencia de tantos argentinos (recién estamos
consiguiendo despejar esa nube). Conservador y gorila eran las palabras finales
que tenían para descalificar a alguien en lo político. Por eso odiaban a López
Rega, porque era un infiltrado. Y así como odiaban a López Rega, simpatizaban
con los guerrilleros; así fue. Fue así. No hay porqué ocultarlo.
Pero, la puta carajo (si se me permite
escribir del modo en que hablo), ¿cómo no iban a tener simpatías por la
guerrilla si todavía estaban lamentando que el General no se plantara en el 55?
¿Se entiende? Si en el 55 Perón hubiese resistido el golpe de Rojas y Aramburu,
aquellos hombres hubieran estado en la primera línea defendiéndolo, porque tenían
adoración por él. Perón era su padre. Más todavía: el que los señaló con un
dedo diciéndoles que para ellos también había derechos.
Yo se que de esto casi no se habla y que
muchos creen que lo malo que nos ocurrió hay que olvidarlo, pero no estoy de acuerdo.
¿Qué carajos ganaríamos negando la realidad de lo vivido?
Esos obreros ya veteranos en los 70 y
que 15, 18, 20 años atrás esperaron la orden que nunca llegó de defender al
líder y al proyecto con los fierros, ¿en qué podían sentirse horrorizados con
el accionar de unos pocos muchachos con fusiles? Eso sí, sabían que lo de la
guerrilla no iba a andar, porque había llegado tarde: fue en el 55 que el
pueblo estuvo listo a jugarse. Y el pueblo no es muchacho para calentarse a
cada rato. Después de todo, Perón, que era el líder, optó por no defender los
tantos. Y así la historia quedó a disposición de los gorilas.
Fue así.
Rememoro estas épocas movido por ese
asunto del peronista de derecha.
Al irse los milicos y volver las
elecciones en el 83 comenzó el predominio del peronista de derecha, un bicho
deseoso de agradar a la alta burguesía, de ser visto como seguro y confiable,
capaz de transar con la teoría de los 2 demonios, con los ideales
tercermundistas bien enjuagados; ese peronista de derecha no quería ni por las
tapas que lo confundieran con melenudos amotinados, ni revoluciones cubanas o
socialismo chileno.
Y creció dentro del movimiento esta
plaga y floreció su contraideal en la figura del hijo de una gran siete de
Menem, que como líder se puso al extremo de la tendencia y traicionó todo lo
que pudo del peronismo.
Menem terminó, pero el peronista de
derecha no. Este sobrevive con éxito, sano y activo en intendencias,
gobernaciones y ministerios, asomando su jeta traidora y oportunista por todos
lados.
Para no aburrir más terminaré así:
Decir peronista de derecha es como decir
mamá puta; las mamás no son putas; el peronismo no es de derecha.
Señor Chacarero: leí todos sus post hasta aquí, a cual más interesante, pero en este me dieron ganas de comentar. La palabra Perón es un nombre, el nombre de un hombre, que en sus primeros momentos de dirigente, tenía un pensamiento desbordante de sensibilidad social. Mas luego, a su vuelta y vaya a saber por qué, fue cooptado por un pensamiento desbordado de corporativismo, tal vez ahí ya ni siquiera había un dirigente sino solo un nombre. Tal vez Perón hubo uno solo.
ResponderEliminarYa ahí, la palabra ¨peronismo¨, la original, empezó a vaciarse de significación y empezó a significar otras cosas. La palabra perdió su identidad de origen, pero siguió teniendo una fuerte resonancia en la política argentina, lo que permitió que, en los distintos momentos históricos, se cobijara bajo ella casi cualquier pensamiento.
El kirchnerismo, en su afan de discutirlo todo ha puesto en evidencia este fenómeno que antes de la era K, nadie entendía, por lo menos los neófitos como yo. Ahora la pelea no es sólo por el pensamiento sino por la marca ¨peronismo¨. Ojalá el modelo actual pueda salir airoso de la crisis política que está viviendo, para que la palabra peronismo ancle con más firmeza a este pensamiento más popular e inclusivo, que es más fiel a sus orígenes.